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Proyectos

PROYECTOS: MINING PRESS EN LINDERO (SALTA)

Mining Press
www.miningpress.com

Bajo el sol del mediodía salteño, comienza el viaje hacia el campamento de exploración. En la 4 x 4 de Mansfield Minerals ya casi no queda espacio: alimentos, combustibles, bebidas, todo lo necesario para una estadía en la altura.

El guía y conductor, Facundo Huidobro, director de Mansfield, toma la ruta internacional 51 mientras explica que ese mismo camino (445 km desde la ciudad de Salta) y con cargas similares, lo realiza el personal de la minera todas las semanas.

Hasta Campo Quijano, por asfalto, luego 20 km de ripio -cuando llueve el deslizamiento de las aguas rompe el camino. A partir de Quebrada del Toro vuelve el asfalto, pero al llegar a San Antonio de los Cobres, 135 km más adelante, la ruta buena se termina. En adelante, sólo habrá ripio y muchas curvas hasta llegar a Lindero. Desde la salida, como si fuera nuestra sombra, nos acompañan las vías y puentes del Tren de las Nubes, que serpentean a un costado de la ruta hasta San Antonio de los Cobres.

Facundo Huidobro

En San Antonio se agregan Tiburcio Cruz y a David Carrizo, empleados en el proyecto. El pueblito de casitas de adobe está perdido en medio de la Puna y su principal fuente de trabajo es la cría de vicuñas y llamas, y la venta de artesanías al turismo.

En el largo trayecto, en medio de la nada, aparecen cada tanto algún lugareño, en la más absoluta soledad, cuidando su ganado; siembras esporádicas de maíz o un sistema termal donde el agua alcanza los 100º C.

El imponente camino atraviesa Olacapato y Pocitos, donde el paisaje cambia por completo. Ahora avanza por un camino tallado entre extensas salinas, aunque al rato un quiebre en la ruta nos introduce en un cordón montañoso de color rojizo, con callejones y formas rocosas que evocan al Lejano Oeste.

Al llegar al campamento, el sol ya no está y el cielo se llena de estrellas, a unos 3.500 msnm. José, el cocinero, espera con la cena lista. En el comedor, los trabajadores de Lindero disfrutan de la sopa, el arroz con pollo, el postre y la película de la TV satelital del fin del día. Antes de pernoctar y reponerse de la dura jornada.

Lindero no es un típico campamento minero, con tres tipos de habitats: containers, carpas con interior de madera y construcciones de material.

Lindero está ubicado al otro lado del Salar de Arizaro, el más extenso de la provincia y rico en sales, hierro, mármol, onix y cobre. El depósito fue descubierto en 1999 cuando Mansfield hacía el follow up de Río Grande y encontró a Arizaro (a un km de Lindero) que indicaba que su mineralización se extendía más allá. “Comenzamos a desarrollar Arizaro, y un día nuestros geólogos descubrieron Lindero”, cuenta Marie-Pierre Lucesoli, gerente administrativo de Mansfield. “Eso fue en noviembre del ´99, la zona era propiedad fiscal y estaba libre. En principio no creíamos que el proyecto se iba a extender tanto” recuerda.

A las seis de la mañana comienza el movimiento. El personal se prepara para un sustancioso desayuno antes de comenzar con las tareas. Hay 3º C, pero pronto se sentirá el calor y el sol de la Puna. Los perforistas llegan al comedor un poco más tarde, alrededor de las ocho porque se manejan con horarios diferentes, en dos turnos, de ocho a ocho.

El proyecto está a unos 6 km del campamento. En el área donde, en un par de años, habrá una mina de casi 2 millones de oz de oro. La primera parada es en el pozo 76, donde las perforadoras de Falcon Drilling trabajan todo el día. Huidobro muestra una de las muestras recolectadas y comenta que el pozo está próximo a cerrarse. “En Lindero todas las perforaciones son a diamantina, porque nos brinda datos geológicos más precisos. Hasta el momento hemos perforado 80 pozos”, explica.

Por la altura, la vegetación es prácticamente nula, casi no hay animales, salvo algún topo, zorro o una vicuña perdida. El único lugar donde hay algo de verde es en las laderas donde se han vertido las aguas de las rocas perforadas.

Frente a otro pozo, más que la perforación, llama la atención la vista panorámica irrepetible: la del famoso Cono de Arita, en medio del salar. Caminando por el cerro aparecen dos pequeñas lagunas. Mariano Poopts, geólogo y responsable del proyecto, cuenta que esas aguas son producto de la sal que se evapora y que en invierno todo el salar se congela. Ese es el único lugar con algo de vegetación: un pasto achaparrado de no más de 10 cm.

Desde la próxima parada se divisa Lindero, las trincheras hechas al comienzo de la prospección y los caminos que recorren la propiedad.

Los anfitriones de Mansfied consideran que el proyecto tiene muy buenas perspectivas, “todas las de ganar para ser una mina”, afirman los geólogos que conocen la propiedad. Actualmente la consultora Roscoe Postle está realizando los estudios metalúrgicos, evaluando qué tipo de proceso será el más adecuado, el consumo de ácido, la energía, cuantos ciclos de chancado de material se van a necesitar, etc., además del Estudio de Impacto Ambiental. “Estamos realizando el estudio para presentar a nuestros accionistas y a la Bolsa de Toronto”, agrega la ejecutiva.

Huidobro acota: “Llevamos perforados más de 17.000 m; el depósito tiene 500 m x 600 m que se hace una especie de embudo hacia abajo. Últimamente hemos encontrado mucha más mineralización, es más grande de lo que esperábamos”.

Mansfield espera que los resultados de esta campaña estén listos para octubre o noviembre. Además de oro, Lindero tiene cobre y la minera quiere evaluar si conviene sacarlo o no.

“Desde aquí se ven Taca Taca, de Global Cooper, y Samenta, de Peregrine Metals, además de cateos de Teck Cominco y Salta Exploraciones. También hay explotaciones de onix y sal”, dice Huidobro.

Al final del recorrido, la camioneta recala en el campamento de Río Grande, una de las grandes promesas de la minería argentina, a cargo de Iván Chávez y Javier Robeto, los geólogos de Antares Minerals, socios de Mansfield en este proyecto.

Al lado de casitas de adobe está el campamento que la minera está ampliando. Décadas atrás, allí moraban los mineros del onix de Arita. En el lugar todavía vive Carlos Rodríguez, quien se quedó a cuidar las instalaciones luego del cierre de la mina en los ´70. Durante años vivió solo, con la ayuda esporádica de la gente de Tolar.

TESTIGOS
De regreso al campamento, Mansfied muestra las instalaciones, el taller y el galpón donde se guardan las muestras. Los testigos son cortados, analizados en detalle y enviados a los laboratorios Acme, donde se realizan los análisis.

“Ya hacen fila varias compañías mineras para comprar el proyecto. Lindero será la primera mina de oro diseminado que se explote en Salta y, además, tiene la particularidad de que comenzará a redituar casi inmediatamente. Esto se debe a que el proyecto tiene un strip radio positivo, es decir que la mineralización está exactamente en la parte superior del depósito, no hay que excavar durante años para llegar a extraer el mineral”, explica Poopts.

Lindero no podía encontrarse en mejores condiciones. Además del potencial geológico, debajo del cerro hay amplias planicies donde se proyecta la planta y la cancha de lixiviación. Cerca del yacimiento no hay cursos de agua, solo subterránea y, por suerte, en abundancia. Las temperaturas son muy bajas, el viento sopla muy fuerte durante el invierno, pero la mina será operable todo el año.

A 4.000 msnm, la explotación a cielo abierto utilizará el proceso de cianuración. El producto final, los lingotes de oro saldrán en avión desde la mina.

Si bien Mansfield es una junior y su objetivo es sólo la exploración, sus directivos quieren llegar con el proyecto lo más lejos posible. “La idea es lograr la factibilidad final”, dice Huidobro. Hacia fin de año, esperan concluir la prefactibilidad y saber con qué reservas cuenta el yacimiento.

Con el sol del mediodía a pleno, Mining Press emprende el camino de regreso a Salta. Quien nos lleva de regreso es el sanjuanino Gustavo Fernández, responsable de hacer la modelización geológica y el cálculo de reservas. A mitad de camino a Salta, Carrizo se detiene en un santuario criollo a rendirle culto a la Pacha Mama donde un par de camioneros le ofrendan hojas de coca a la Madre Tierra para pedirle trabajo.
La energía
Lindero utiliza hoy unos 40.000 lts/mes de gasoil y 2.000 lts/mes de nafta. La energía del campamento es generada por un grupo electrógeno de 30 kva.
Para la operación de la mina, Mansfield invertirá US$ 2 millones en una extensión del Gasoducto de la Puna. La traza será de 20 km hasta Pocitos y desde ahí otros 60 km hasta el proyecto.

Mansfield y la comunidad
La comunidad más cercana a Lindero es Tolar Grande, a 75 km del proyecto. Tiene 300 personas y hasta ahora cuatro obreros trabajan en la mina. La junior mantiene un contacto permanente con esta comunidad, informándoles de cada paso que dan. En esta comunidad, las clases se dan en verano hasta el 25 de mayo. Después, las inclemencias del invierno impiden continuarlas. En Tolar hay un solo médico para emergencias, y la escasez de todo tipo aprieta el alma.

“Estamos trabajando para que todas las nuevas personas que se incorporen al proyecto, sean vecinos de Tolar”, cuenta Huidobro. “Esta es la mayor operación de responsabilidad social, el involucrar directamente a la gente”, agrega. Además del personal que se ha incorporado al proyecto, la minera utiliza las “lavanderas” de Tolar, que se encargan de la ropa térmica del personal. El pan y los adobes, empleado en la ampliación del campamento, también son comprados en este pueblo.

“Siempre estamos hablando con el cacique, las autoridades municipal y del colegio, el médico y la gente del lugar. Les contamos qué es lo que estamos haciendo, por dónde vamos. Nuestra relación con la comunidad local es muy buena”, dice Huidobro.

El cortador de testigos
Tiburcio Cruz es uno de los tolarenses que trabaja en Mansfield. Su función es una de las más importantes en esta etapa del proyecto: es cortador de testigos de la empresa. Desde hace casi tres años trabaja aquí y antes era empleado municipal. Ya contaba con experiencia como cortador, alguna vez supo trabajar para Rio Tinto, aunque sólo por temporadas. Este es su primer trabajo fijo en minería.

Tiburcio cuenta que en su pueblo antes había más movimiento, hasta que se fue el ferrocarril. Gracias a su nuevo trabajo tiene una vida distinta. “Antes sólo tenía un sueldo, no tenía ni contrato ni obra social. Acá tengo todo los beneficios, pude comprarme una camioneta y hasta me compré una casa nueva”, cuenta.
“En la municipalidad ganaba muy poco dinero, no podía pensar en progresar”, agrega.

Rápido se aprende
David Carrizo vive en Salta. Ha pasado por diferentes y trabajos y hace poco se integró al equipo de Mansfield. Sus tareas son variadas, en el proyecto ha tenido que aprender a hacer de todo. Ahora puedo levantar una pared y sé que no se va a caer. Jamás había trabajado ni de ayudante de albañil”, cuenta.

La situación económica de David ha mejorado y disfruta del ambiente y el lugar. Trabaja tanto “abajo”, en la parte de logística del taller en Salta, como “arriba”, en el campamento. “Acá me capacitaron en muchas cosas, como cortar piedras, y aprendí rapidísimo”, dice David que en poco tiempo, orgulloso de su rol en el equipo.

El joven jefe
Mariano Poopts tiene 25, estudió geología en la Universidad de Salta y le falta poco para terminar su tesis. Desde abril de 2005 trabaja para Mansfield. Además del típico trabajo de geólogo, está a cargo de todo el proyecto y del campamento.
“A veces surgen complicaciones, pero siempre se resuelven. Con la gente me manejo bien a pesar de mi edad. Este es un buen grupo”, dice Mariano.

Historia de una fotografía
En Concurso “Imágenes Mineras Argentinas 2006” organizado por Mining Press, una de las fotos premiadas autoría de Facundo Huidobro y es el reflejo de una historia de vida, común en estos lugares inhóspitos que pocos conocen.

En la foto, sonríen a la cámara Normando Pastrana, el conductor del cuatriciclo, ayudante de campo y encargado de la atención del campamento de Lindero, y Víctor Vázquez, baqueano de la zona.

Pastrana cuenta: “Vázquez vive en uno de esos remotos puestos de la zona, cada 60 km, vive solo y se dedica a criar ganado. El fue nuestro guía”. Se emociona al recordar la alegría de Víctor al verlos aquel día de la foto. “Hace tanto que no viene nadie por acá”, les dijo Vázquez, sorprendido por “la nueva mula de exploración”, el cuatriciclo de los geólogos.

“Durante 10 días compartimos muchas historias y anécdotas y cuando nos fuimos, nos regaló una botellita de “Crush” llena de su ‘oro’ que era pirita”, agrega Normando. La foto de Huidobro dejó grabado este recuerdo lleno de humanidad.

A comer
José Cabrera trabaja en el campamento desde noviembre de 2005 y es uno de los dos cocineros de Lindero. “Yo aprendí a cocinar en el servicio militar” cuenta José, y dice que cuando surgió esta posibilidad laboral no lo dudó.

“Me encanta este trabajo; mi especialidad es la comida criolla, lo que comemos acá en Salta”. Igual adapta enseguida su menú a la necesidad del momento. “Lo que no sé, lo aprendo rápido”, dice este fanático de la cocina, hablando de la dieta que necesita el personal debido al clima y a la altura en la que trabaja.

Antes de llegar a Lindero, pasó por muchos oficios pero éste es el que más le gusta. “Por eso aguanto tantos días arriba” dice José, quien como la mayoría aquí, trabaja 20 días y tiene 10 de descanso.

“Acá hay mucho movimiento, trabajamos desde las seis de la mañana hasta después de cenar, son cuatro comidas al día y casi 40 personas”, explica.
 

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