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Mapuches vs. Benetton: El latifundio de los italianos en cifras

Mapuches vs. Benetton, la batalla detrás de la desaparición

MINING PRESS/ENERNEWS/U24

El conflicto entre mapuches y el millonario italiano, propietario de gran parte de las mejores tierras de la Patagonia argentina, quedó en el centro del conflicto por la "desaparición" de Santiago Maldonado, quien sin ser mapuche, apoya su causa, y el pasado 1° de agosto reclamaba por la liberación de Facundo Jones Huala, líder de la Resistencia Ancestral Mapuche, detenido desde enero pasado, y que permanece en esa situación por el proceso de extradición abierto por solicitud de la Justicia chilena. Un caso que, de mar a mar, no conoce fronteras.

Luciano Benetton, cabeza del grupo empresarial italiano United Color of Benetton, es el mayor terrateniente de la Argentina después del Estado nacional y las provincias. A través de la Compañía Tierras del Sud Argentino (sucesora de The Argentine Southen Land Company Limited), es dueño del 9% de las mejores tierras de la Patagonia.  

La firma comercial, cuyo presidente es su hermano Carlo, posee 900.000 hectáreas repartidas en las provincias de Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Chubut y en menor medida en Balcarce, en la provincia de Buenos Aires. 

"La empresa que controlan en el país es Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA), presidida por Carlo Benetton (73), el menor de los cuatro hermanos (Luciano, de 82, Giuliana (80) y Gilberto, 76) que fundaron el emporio textil y que controla 925 mil hectáreas en la Argentina", publicó 'Perfil'.

A Luciano lo llaman "El señor de las estancias" porque sus sociedades son propietarias de ocho establecimientos rurales, entre ellos, la estancia Leleque, una de las más antiguas de la zona. Desde el 1 de agosto, día en que el artesano Santiago Maldonado habría sido desaparecido de manera forzada por un grupo de gendarmes dentro de esos campos, el apellido Benetton, y la estancia Leleque, está en boca de todos. 

Desde el año 2005, casi un 30% de esas hectáreas fueron "tomadas", "usurpadas" o "recuperadas", según quien relate la historia, por un grupo de mapuches que reclaman la propiedad de ese territorio que ancestralmente le pertenecía, y que la Compañía Tierras del Sud Argentino, con la supuesta complicidad judicial y política, según cuenta 'Infobae', se habría apropiado de manera ilegal, según las causas judiciales que tramitan en los tribunales chubutenses, aunque los magistrados siempre fallaron a favor de los empresarios italianos.

Dentro de Leleque, y por un convenio firmado entre Carlo Benetton, la Secretaría de Seguridad de la Nación (cuando el presidente era Carlos Saúl Menem) y la provincia de Chubut, funciona una comisaría y, aunque muy pocos conocen este detalle, una base logística de Gendarmería. Desde ese lugar partieron, por ejemplo, parte de los efectivos que desalojaron de manera violenta a un grupo de la comunidad mapuche "Lof en Resistencia" del departamento de Cushamen, entre los días 10 y 12 de enero pasado. 

La orden fue impartida por el juez Guido Otranto. El mismo que investiga la presunta "desaparición forzada" de Maldonado después de ordenar otro desalojo, esta vez corte de la ruta 40, a la altura del kilómetro 1848 lugar donde, desde hacía varios días, unos 20 mapuches acompañados por Maldonado, que sin ser mapuche apoya su causa, reclamaban por la libertad de Facundo Jones Huala, el líder de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), detenido durante los primeros días de enero, junto a su primo Fausto Emilio Jones Huala y otros nueve integrantes de la comunidad aborigen. 

De esos once detenidos sólo queda preso el líder RAM ya que hay un proceso de extradición abierto por solicitud de la Justicia chilena que lo acusa de haber participado en la quema de una estancia donde falleció un matrimonio de cuidadores mientras dormían. 

El pasado viernes 8 de septiembre, cuando el juez federal Otranto ordenó rastrillar el Río Chubut para ver si descubrían rastros de Maldonado, parte de los efectivos de la Policía Federal Argentina y Prefectura Naval utilizaron como base operativa la Estancia Leleque. La autorización la otorgó directamente Carlo Benetton, el hombre de la familia encargado de las inversiones en la Patagonia Argentina. 

En nuestro país, el hombre de las remeras y los colores estridentes es dueño de: 

-900.000 hectáreas en campos en Buenos Aires, Chubut, Río Negro y Santa Cruz. A diferencia de los otros extranjeros dueños de tierras como Douglas Tompkins o Ted Turner, Benetton explota los campos a su máximo nivel de productividad.

 -80 millones de dólares es la inversión que realizó en la compra de esas tierras. 

-15 millones de dólares fue el dinero que usó para la remodelación y la puesta a punto de sus estancias.

 -290.000 ovejas, según los últimos datos de SENASA. 

-16.000 son las cabezas de ganado vacuno que tienen en la actualidad.

-5.200 son las hectáreas forestadas por sus sociedades. 

-8.000 hectáreas están destinadas a la agricultura en la provincia de Buenos Aires.

Ovejas en la estancia Leleque, que Benetton usa para su famosa lana⁠⁠.

 

En La Patagonia tienen ocho de las mejores estancias. El 31 de marzo de 1995, adquirieron la estancia El Cóndor, ubicada a 72 kilómetros de Río Gallegos. Tiene una superficie de 8.000 hectáreas. Ese mismo año, los italianos compraron también las estancias Cruz Ayke y La Porteña. Ambas propiedades suman 200.000 hectáreas, están emplazadas en la provincia de Santa Cruz. 

En abril de 1997, incorporan al casco principal la estancia vecina Monte Aymon de 20.000 hectáreas. En la misma provincia, en la localidad de San Julián, compran la bellísima estancia Coronel de 335.000 hectáreas con 10 kilómetros de costa y paisaje mediterráneo. 

Pero las compras de los hermanos Benetton no terminaron en la provincia que supo gobernar el ex presidente Néstor Kirchner. En Chubut compraron la ya mencionada Leleque. La otra es El Maitén. Abarca unas 123.000 hectáreas. En Río Negro adquirieron la estancia Pilcañeu, de 50.000 hectáreas. 

Según aseguran en su página web, "el 60% de las personas que trabajan en las Estancias de la Cordillera Leleque, El Maitén y Pilcañeu es de origen mapuche". Y aseguran que "siempre ha sido un compromiso de la Compañía tener transparencia en la contratación de su personal, brindándole los mayores beneficios adicionales posibles, tales como viviendas de primer nivel y servicios".

"(...)Los gauchos que las pastorean también son mapuches. Algunos son primos de los rebeldes. Pero unos cobran de Benetton y llevan caballos ensillados, los otros no tienen casi nada y montan a pelo, como sus antepasados. La tensión es permanente. “¿De quién es la Patagonia? Ellos hablan de violencia, pero mataron y humillaron a nuestros abuelos, repartieron a las niñas para los hombres en Buenos Aires. Ellos agacharon la cabeza, nosotros hemos dicho basta. Ya no tenemos miedo”, reta Soraya Maicoño, portavoz del grupo.

La Constitución argentina permite la reclamación de tierras de los pueblos originarios, pero Benetton rechaza el derecho ancestral al que apelan los mapuches y asegura que vinieron de Chile. “Acá son tan inmigrantes como mi abuelo”, remata McDonald." El fragmento pertenece al diario español 'El País', que se titula "Batalla en un paraíso", y que intenta dar cuenta de lo que ocurre en Leleque: "La justicia está de su lado.

De momento, los mapuches solo tienen un pequeño poblado con tiendas y 20 personas de forma permanente. Pero están muy organizados y dispuestos a resistir como sea. Llevan casi dos años, y el último intento de desalojo acabó con 14 heridos, uno de ellos de una bala disparada por la policía. McDonald defiende el modelo de enormes latifundios, frecuente en toda Argentina. “En la Patagonia solo funcionan las grandes extensiones, por los inviernos tan duros. Si les damos unas hectáreas solo van a tener una economía de subsistencia con ayudas del Estado. De esta forma tenemos 130 empleados directos y damos trabajo a unas 200 personas con una economía sustentable”, sostiene."

Ronald McDonald, administrador general de las estancias de Benetton.

Ronald McDonald, administrador general de las estancias de Benetton.

En 2004, una comunidad mapuche, la comunidad Santa Rosa, conformada por el matrimonio de Atilio Curiñanco y Rosa Nahuelquir, había ocupado tierras de Benetton en la Patagonia. 

Se habían sentado con sus usos y costumbres sobre el cuartel Santa Rosa, de la mencionada estancia. El caso había obtenido trascendencia mundial. Y era para Benetton, más que un dolor de cabeza: una guerra de poderosos contra débiles que comprometía su predica de inclusión United Color. Pero se complicó todavía un poco más porque en aquel tiempo también apareció la Gendarmería con una orden judicial y los mapuches terminaron desalojados, devueltos a una casa de mampostería en la periferia de Esquel.

Empezó, entonces, otra etapa del reclamo: un juego dialéctico de grandes ligas, con abogados corporativos versus indigenistas pujando en la Justicia local y con Benetton y Pérez Esquivel discutiendo en medio de la comunicación masiva. La primera carta, del nobel argentino, convertido en vocero de los mapuches, está fechada el 14 de junio de 2004. Es una misiva post desalojo, que dice: "Al escribirle la presente carta (...) lo hago entre el asombro y el dolor de saber que usted se ha valido del dinero y la complicidad de un juez sin escrúpulos, para quitarle las tierras a una humilde familia de hermanos Mapuches, en la Provincia del Chubut, en la Patagonia Argentina...” Sigue: “Debe saber que cuando a los pueblos originarios les quitan las tierras los condenan a muerte; o los reducen a la miseria y al olvido: Pero siempre existen los rebeldes que no claudican frente a las adversidades y luchan por sus derechos y la dignidad como personas y como pueblos”. 

"Señor Benetton, devuelvale las tierras a esa gente. Sería un gesto de grandeza moral. (…) Le pido que viaje a la Patagonia y se encuentre con los hermanos Mapuches y comparta con ellos el silencio, las miradas y las estrellas. (...) Todos pasamos por la vida, cuando llegamos estamos partiendo y nada podemos llevarnos; pero sí podemos dejar a nuestro paso las manos llenas de esperanzas a fin de construir un mundo más justo y fraterno". 

Benetton no demoró en responder. Fue también por carta. "Estoy convencido -planteó el millonario- de que un diálogo civil entre las partes representa el único camino para poner de acuerdo las distintas posiciones. Con más razón si se trata de un tema complejo como el de las tierras patagónicas que presenta complicados aspectos históricos, sociales y económicos, que toca a numerosos grupos étnicos además de dos gobiernos latinoamericanos, que presenta interrogativos morales y filosóficos antiguos como el mundo".

 "Dadas las características de la empresa que se está desarrollando en Argentina, parece poco generoso describir mis propiedades como latifundios medioevales y a nosotros como señores feudales". Y no dejó de lado aspectos filosóficos y sociológicos en su respuesta al Premio Nobel, que había puesto en tela de juicio la propiedad de la tierra preguntándose en su carta "quién ha comprado la tierra de Dios". "Con esa pregunta -respondió Benetton- usted reinicia un debate sobre le derecho de propiedad que, no importa lo que se piense, representa el fundamento de la sociedad civil". 

Para Benetton, la propiedad entendida según el derecho romano. Para los mapuches, el sentido de pertenencia a la tierra, pero no de dominio. Pero en noviembre de 2005, en medio de las cartas intercambiadas, Luciano Benetton, hizo su jugada: ofreció donar 7500 hectáreas a los mapuches en el corazón de Chubut.  

Concretamente en Piedra Parada, un paraje lunar, al pie del río Chubut. Una tierra prometida, llena de posibilidades. El magnate pretendía resolver el asunto, utilizando como mediador al gobierno argentino. Proponía que fuera el garante de la operación, que recibiera las tierras y luego se las otorgara con un fines de desarrollo social a las comunidades.

 Pero del otro lado vino un no rotundo. Los mapuches no querían cualquier tierra, sino el territorio ancestral, el lugar de los suyos, ese predio de arbustos y felichilla patagónico, destemplado y desabrido, en los bordes de la estepa, que había sido, según palabras de Atilio y Rosa, el lugar de sus padres y abuelos. 

 La donación nunca se hizo efectiva.

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