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+ Sarmiento y la minería

(Diario El Zonda, San Juan)
Indagar en Sarmiento y su relación con la minería ofrece un doble asombro: el carácter pionero de Sarmiento en la concepción de una industria minera para el país, por una parte; el comprobar, por la otra, que sus iniciativas, las bases que intentó sentar para la misma, principalmente a partir de su gobernación, debieron esperar más de un siglo para ser rescatadas en la política minera argentina.

Si la mención de Sarmiento es infaltable en la historia minera argentina, es forzoso buscar el origen de su interés, seguir sus pasos y escuchar sus impresiones, en el camino que lo lleva a conformar un pensamiento minero.

El primer encuentro de Sarmiento con la minería es fortuito. A los 23 años, exiliado en Chile y por exigencias económicas, trabaja como mayordomo o capataz en la mina de plata "La Colorada", en Copiapó, explotada por el general Vega, ex jefe militar de Sarmiento en San Juan, y a quien volveremos a encontrar junto a él años más tarde. Sarmiento debe bajar a la mina a controlar el trabajo de los peones, jornadas que aprovecha para leer y traducir del inglés la obra de Sir Walter Scott, y de las cuales recuerda:

"Por economía, pasatiempo y travesura, había yo concluido por equiparme completamente con el pintoresco vestido de los mineros y habituando a los demás a mirar este disfraz como un traje natural. Calzaba babucha y escarpín; llevaba calzoncillo azul y cotón listado, engalanando este fondo, a más del consabido gorro colorado, una ancha faja de donde pendía una bolsa capaz de contener una arroba de azúcar (... )"

En su segundo exilio en Chile tiene la oportunidad de asistir a una reactivación minera en la zona norte y, como periodista, comenta y analiza el desarrollo de la industria en sus notas para El Mercurio, el Nacional y el Progreso.

"La legislación y las minas", nota publicada el 1 de marzo de 1842, expone y desarrolla las tres ideas claves que serán permanentes en su pensamiento:

1) Las desventajas climáticas, agrícolas y la extensión territorial de Chile, se compensan en las riquezas minerales que guarda su composición montañosa. La explotación de esas riquezas le significa a Chile una balanza de pagos favorable y un saldo positivo en su comercio exterior. Dice Sarmiento: "La naturaleza dio a Chile profusión de montañas, ricos depósitos metálicos, que diesen vida, ocupación y riqueza a sus habitantes." Y agrega, más adelante: " Las minas están llamadas a ejercer en la riqueza de Chile la más grande influencia, dan al comercio la más gruesa suma en la balanza, entre la importación y la exportación de productos."

2) La actividad minera permite la confluencia e interrelación de capitales, arte y ciencia. Dice Sarmiento: "La maquinaria, desconocida en el país ha tenido en los trabajos que la elaboración de los metales requiere, una extensa e importante aplicación. Aparatos que facilitan y abrevian el trabajo, procedimiento químicos aplicados a la operación de desprender el metal de las partes terrosas que lo acompañan, todo ha sido puesto en práctica para la simplificación de las operaciones; para ventaja de la industria, economía de trabajo y capitales, y adquisición y acrecentamiento de la ciencia. Los capitales, el arte y la ciencia se darán la mano, siempre que los resultados correspondan a los intereses que el empresario compromete. El gobierno nada tiene que ver en esto."

3) Los gobernantes y legisladores tienen como misión eliminar los obstáculos que puedan presentarse en la exploración y desarrollo de la industria. Dice Sarmiento: "El gobierno, y, como parte de él el legislador, deben proveerla de aquellos medios que el interés particular no es capaz de proporcionar, y esta es la misión del poder que rige sus destinos. El gobierno le favorece con leyes orgánicas que hagan fácil la producción".

En 1844 su mirada se dirige a la minería que despunta en el Norte, deteniéndose en el progreso y beneficio que acarrea a la sociedad. En el artículo "Provincia de Atacama', compara el Sur y su actividad agrícola, con el Norte y su industria minera, encontrando claras ventajas en esta última. Advierte la pérdida que significa llevar adelante la actividad sin atender normas legales, sin ingenieros y peritos que la hagan económicamente viable. Según sus palabras: "(Copiapó) hasta hoy ha hecho la explotación de las minas sin respeto a las ordenanzas que prescriben la manera de llevar los trabajos; hasta hoy el área minera más productiva de la República, no posee un cuerpo de ingenieros de minas, o de peritos facultativos que ahorren las gruesas sumas que demanda la elaboración que se hace a ciegas ". La riqueza del suelo y el aporte de capital no es suficiente si no existe un marco científico, y un orden administrativo y legal, observación que va más allá de las ideas esenciales de 1842, y hace hincapié en su implementación en un orden simultáneo y complementario: no sirve el capital para minería sin ciencia, la ciencia minera sin legislación, la riqueza minera sin capital.

La atención de Sarmiento se centra no sólo en los metales, sino también en los minerales no metalíferos, como el carbón de piedra, especialmente por su valor como combustible para los hornos de fundición del cobre explotado en el norte. La importancia del carbón como combustible no será olvidada por el sanjuanino exiliado, quien, podemos aventurar, no pocas veces habrá pensado en su provincia natal, al otro lado de la cordillera, mientras escribe sobre la minería en Chile; en las riquezas alardeando el fin de las luchas intestinas que tanto nos perjudicaron, para ser explotadas y, permitirle a ese otro oeste, brindar a Argentina un polo de desarrollo tanto o más atractivo que la explotación ganadera del este.

En 1849, instalado en Valparaiso después de haber viajado a Uruguay, Brasil, Francia, España, Argel, Estados Unidos, Italia; vierte su ideario, ampliado y enriquecido por su visita a estos países, en escritos para "La Cró cá". En el capítulo titulado "Los países que progresan", dice Sarmiento: "Los Estados americanos presentan el raro fenómeno, en nuestros días, de naciones que no poseen industria, que no pueden desarrollar fuerzas industriales" Se pregunta: "¿Cuáles son las causas que desfavorecen la producción chilena en el mercado? Su oscuridad en el mundo comercial; en este punto como en tantos otros se necesita fama, no se adivinan las cosas, se muestran, se enseñan. En 1831 se descubrió en Copiapó un mineral de plata ¿Acudió Chile entero a Copiapó? ¿Se despoblaron las costas del Pacífico atraídas por aquella riqueza? ¿Ocupáronse los diarios del mundo de esta codiciable novedad? No. En California se ha encontrado oro, y basta detener al primer gañán (mozo de labranza, hombre rústico y duro) de Chile para preguntarle lo que sabe de Califomia; lo sabe todo; sabe más que la verdad; cree en lo imposible, en lo fabuloso."

La oportunidad para llevar a cabo sus ideas parece llegar el 9 de Enero de 1862, cuando Sarmiento asume la gobernación de San Juan. El Código de Minería no existe aún, y las Ordenanzas de México, complementadas con los Estatutos de 1853, regulan la actividad. El 14 de febrero designa a Domingo Oro, experimentado minero, como Diputado de Minas. En esa designación, determina las funciones de la Diputación: denuncias de minas, peticiones de mensura, posesión legal, peticiones de veta nueva, denuncias de minas abandonadas, es decir, establece la base jurídica y administrativa para los mineros, a fin de que cuenten con un régimen regular y legal, sujetos a una autoridad.

Le explica al Dr. Eduardo Costa, ministro de Gobierno (de la provincia de Buenos Aires), la necesidad, de este nombramiento, "de alejar de los ánimos las preocupaciones de mala conducta que habían creado las pasadas administraciones, mezclándose la política, y aún el interés privado de los gobernantes, en las concesiones de pedimentos o denuncias de minas."

Tres meses después nombra inspector de Minas al metalurgista inglés Francisco Rickard, quien debe aportar el conocimiento científico y profesional necesario para la exploración de metales. Rickard es miembro de la Real Sociedad de Geografía y Geología de Inglaterra, y, a Sarmiento le interesa que la riqueza minera sanjuanina sea conocida en Europa, despertando el interés de técnicos e inversores. En el mismo comunicado al Dr. Costa señala: "Faltan, en provincia tan remota, los elementos necesarios para los trabajos, hombres profesionales y, mas que todo, conciencia cierta del valor intrínseco de los metales, la composición química de ellos, el tratamiento que les conviene. El nombramiento de Rickard contribuiría a hacer conocer en Inglaterra los minerales sanjuaninos."

Asimismo,, designa ingeniero en Minas a Joaquín Godoy, a los efectos de otorgar o determinar la posesión de minas en Jáchal.

Los conceptos de aquel artículo de 1844 sobre la provincia de Atacama reaparecen en la nota oficial del ahora gobernador; anticipando la intención de su gobierno de crear "una asociación para el establecimiento de hornos de fundición y máquinas de amalgamación de metales", la futura Compañía de Minas 'y solicitando la atención del gobierno a la importancia de esta industria, la cual necesita inversión de capital para exhibir los resultados esperados.

En el mensaje a la Legislatura, del 22 de junio de 1862, declara a la minería industria principal en la provincia, apelando nuevamente al apoyo del gobierno nacional para su desarrollo y resaltando lo beneficiosa que resultará para la economía interna y el comercio exterior de la Nación, mensaje que recuerda las palabras del periodista en su artículo "La Legislación y las minas" de 1842. "Tal es la situación industrial en que el Gobierno ha encontrado a la provincia: un montón de ruinas, los capitales destruidos, el comercio paralizado por falta de un producto que le sirva de base, e imposibilitado por la obstrucción e inseguridad de los caminos. Millares de hombres han consumido sus pequeños capitales, permaneciendo dos años con los brazos cruzados, sin la esperanza siquiera de trabajar en ramo alguno de los conocidos. Tal situación seria de desesperar, si la naturaleza no ofreciera un camino nuevo por donde salir de este estancamiento: las minas." La minería es el producto que permitirá la reactivación económica, y, para lograrlo, su gobierno convoca capitales provinciales, nacionales y extranjeros con el fin de establecer una compañía que suministre el financiamiento necesario al desarrollo de la industria.

Un mes más tarde se constituye la Compañía de Minas de San Juan, con una base de 110.000 pesos fuertes, en 1.100 acciones, de 100 pesos cada una. Los sanjuaninos y residentes extranjeros suscriben 361 acciones del total de 1.100, con lo que el capital accionario suma, en realidad, 36.100 pesos. Sarmiento es designado presidente de la Compañía, y participa como propietario de 10 acciones, pagadas con un adelanto de dos años en el arriendo de la propiedad que, su esposa Benita tenia en Valparaiso.

Los socios fundadores y firmantes del acta son 45, y el primer directorio, integrado por doce miembros, incluye a Ruperto Godoy, Manuel Moreno, Santiago Lloveras, Abel Quiroga. Saturnino de la Presilla, Cainilo Rojo y Pedro J. Cordero, en San Juan; a Juan Anchorena en Buenos Aires, a Mariano E. de Sarratea en Valparaiso, a Antonio López en Copiapó y al general Nicolás Vega, en Paris, el mismo que lo designó capataz en "La Colorada", cuando Sarmiento tiene su primer encuentro con la minería.

Augusto Carfié y don Valentin Videla son elegidos sindicos, y el ingeniero Francisco Rickard, incondicional e incansable sostén de Sarmiento en su proyecto minero, es designado administrador general de los trabajos mineros. A la luz de nuestro tiempo, se forma una verdadera compañía internacional en San Juan, en aquel lejano 1862.

Dice el historiador Horacio Videla, hablando sobre la constitución de la compañía en su Historia de San Juan: "Dominguito, quien acompañaba por esos días a su padrastro en San Juan, suscribió cinco acciones, y hubo tomadores hasta por una acción. General fue el entusiasmo y la adhesión".

En siete meses el gobernador ha designado las autoridades que la legislación vigente establece: el Diputado de Minas; ha nombrado un profesional de la ciencia minera: el Inspector de Minas; y ha creado una compañía que aporte el capital imprescindible para la exploración y explotación: la Compañía de Minas.

El testigo y cronista de la realización trasandina se ha convertido en el ejecutor del desarrollo minero en su provincia, ha puesto en práctica en siete meses lo observado durante 20 años.

Deseo recalcar especialmente este hecho. Sarmiento podría haberse limitado a la designación e instrucción de las autoridades mineras, podría haber delegado en ellas la puesta en marcha de la industria, pero se comprometió ante sus comprovincianos y connacionales aportando un capital con el que no contaba, en un acto que sirviera de convocatoria, ejemplo y prueba de su profunda convicción.

No considera, sin embargo, cumplido su proyecto. En la comunicación a Mitre referida a la creación del Colegio Preparatorio, luego Colegio Nacional, señala con particular énfasis la necesidad de preparar ingenieros, de enseñar química, a fin de formar hombres que puedan continuar y acrecentar el potencia¡ que la industria minera significa para la provincia.

Insiste en la convocatoria de capitales a través de la abundante correspondencia que mantiene con amigos en Chile: Sarratea en Valparaiso y Antonio López en Copiapó, y con sus amigos en Buenos Aires: Juan Anchorena, Ambrosio Lezica, Juan Cano, Antonio González Moreno. Pidiendo el apoyo del gobierno nacional en la figura de Mitre, le escribe, en mayo de 1862: "Las minas son una realidad, como California.¡Qué hiciera para pasar esta convicción a todos los de afuera. En un año exportaríamos barras por dos millones de duros... para realizar estas tareas necesitaría unos pobres cuatro millones de papel"; en julio de 1862, le reitera: "Ayúdeme en las minas y enriquezco a la República', y en agosto de 1862 le insiste: "Espero con las minas crear una política industrial y sana, reparadora y fecunda en riqueza, que es lo que falta al interior. Ayúdeme en esto, y habrá satisfecho mi ambición que es tener poder para crear, transformar, y realizar."

Rickards, el Inspector de Minas traído de Chile, cumple su misión en Europa, buscando atraer inversionistas extranjeros.

La acción proveniente de la convicción da frutos, y el gobierno nacional suscribe 12.000 pesos plata en acciones de la Compañía de Minas, cediéndolas al gobierno de San Juan como subsidio. Mitre le manifiesta a Mariano Saavedra, gobernador de Buenos Aires, su intención de cooperar con "una provincia pobre y amiga", que se halla "sin recursos para impulsar su progreso". El 30 de diciembre de 1862, por primera vez en la historia argentina, la Nación aporta recursos económicos para un emprendimiento minero, aporte logrado por la tenaz apelación de ese gobernador que diez días más tarde cumpliría su primer año de mandato. El capital total de la Compañía, sin embargo, aún está lejos de los 1 10.000 pesos fuertes.

Su mensaje a la Legislatura del año siguiente, mantiene la defensa de la minería como industria transformadora, señala los adelantos producidos, pero expresa cautela en lograr grandes resultados en poco tiempo. Dice Sarmiento: "El Gobierno ha tomado interés muy vivo en el desarrollo de esta industria, que ofrece transformar las otras, y llevar al país al grado de prosperidad. Mucho se ha andado a este respecto, aunque todavía diste mucho para llegar a resultados positivos. Se ha constituido definitivamente la Sociedad de Minas, con el capital cuya mitad está ya invertida en Inglaterra, en máquinas y materiales de construcción para hornos; y en Calingasta, en el establecimiento que se prepara para su instalación. Las dificultades mantienen a esta industria en una penosa infancia: falta de práctica, de organización en compañías de minas y responsabilidad de los socios."

La producción de plata no alcanza los niveles esperados, lo que ocasiona pérdida a la Compañía encargada del tratamiento y fundición de ese metal. El clima político enrarecido en la provincia, los comentarios adversos de sus oponentes, obligan a Sarmiento a venderle sus acciones a Rickard. A fines de 1863 su proyecto de una 'California' en San Juan se ha esfumado, manteniendo como última esperanza las noticias favorables que Rickard pueda traer de Europa, y que le permitan, cito sus palabras, "hacer un último esfuerzo por la empresa de la minería". A mediados de 1864, su revolución económica asentada en la minería no se concreta según su anhelo.

La figura del pionero evoca al hombre que se adentra en un territorio inexplorado y, con imaginación, coraje y lucha, logra convertirlo en una herencia que disfrutarán y perfeccionarán otras generaciones. El pionero hace visible, alcanzable, algo que hasta ese momento era desconocido e inaccesible. Sarmiento incursionó en una actividad minera ignorada hasta ese momento, creyó en la riqueza y progreso que entrañaba, levantó los pilares jurídicos, científicos y económicos que la construcción requería, invitó a otros a sumarse a la épica de desarrollo de su proyecto. Pero todo pionero necesita tiempo en su esfuerzo, y Sarmiento, pese a la solidez de su concepción minera, a la rapidez para implementarla, pese a haber mostrado su compromiso personal aportando fondos propios, no contó con la continuidad, del largo plazo que la empresa demandaba. La minería comienza con la inversión en exploración, inversiones a futuro donde, de muchas exploraciones, algunas resultan en una mina importante.

Sarmiento, lejos de sentirse derrotado, no abandona su interés ni su convicción en la importancia de la minería. En 1869 asume la presidencia de la Nación. Crea la primera Escuela de Minería del país en la provincia de San Juan, y auspicia la venida de grandes geólogos e ingenieros en' minas, principalmente, de Alemania, como Steppenberk, Groeber y Hoskoldt, este último autor de una de las primeras fórmulas matemáticas para el cálculo del "valor real" de una mina, fórmula usada, con algunas variantes, hasta el día de hoy.

Rickard, aquel mineralogista inglés que tanto acompañó y asesoró a Sarmiento durante su gobernación, eleva el "Informe sobre los distritos minerales, minas y establecimientos de la República Argentina". Es el primer registro científico de las: minas y establecimientos existentes, metales explotados, minerales útiles para la industria, compañías, capitales, maquinarias, trabajadores y sistemas utilizados, catastro encargado por el gobierno.

Los obstáculos que impiden la explotación son los ya conocidos y sufridos por Sarmiento: falta e ignorancia de legislación carencia de apoyo gubernamental, desconocimiento de la ciencia y de los procedimientos, dificultades de comunicación, excesivos fletes y costos de traslado. Klappenbach, propietario de la "Sociedad Anónima de Minas y Fundiciones de San Juan", y Bamard, gerente de la sociedad inglesa que explota la mina en Gualilán, le hacen llegar cartas al presidente, por intermedio de Rickard, testimoniando los problemas que enfrentan como mineros.

En sus informes Rickard alerta al gobierno sobre la necesidad de prestarle atención a la explotación del hierro y el carbón de piedra, imprescindibles para el ferrocarril que comienza. El Congreso se hace cargo de la advertencia y sanciona la primera ley de fondo carbonífero, la ley 448 de 1870; y la ley 564, de 1872, destinada a la explotación de hierro. Vuelve a nuestra memoria aquel articulo de 1844, referido a la explotación del carbón de piedra como combustible en el sur chileno, y que, dijimos, Sarmiento no olvidarla.

Su defensa de la industria minera continúa como senador y periodista. Como senador, defiende el mantenimiento de las Escuelas de Minas en San Juan y Catamarca; como periodista, advierte sobre la experiencia y conocimientos del doctor Enrique Rodríguez, encargado de la redacción del Código de Minería, aún faltante en el país; o cuando defiende las condiciones especificadas en la ley carbonifera, relativas a las ventajas comerciales del carbón nacional en condiciones industriales sobre el importado. Es su trayectoria final como hombre público, y su acción se orienta a los ejes científicos y legislativos, ejes que procura afianzar para lograr la afluencia de los capitales en el desarrollo de una industria a la que, sigue considerando factor de progreso y civilización.

Señalé al comienzo que, tan silenciado como el carácter pionero de Sarmiento en la minería, estuvo la política minera argentina durante más de un siglo.

A pesar de la prédica y acción tenaz de Sarmiento, la minería argentina languideció hasta llegar a una parálisis en 1930. Habrá que esperar hasta la 2° Guerra Mundial para que el Estado Nacional reconozca la importancia de este sector, y participe activamente, tomando áreas de reservas mineras que no podían ser exploradas por particulares. Esta participación se traduce en la creación, en 1941, de Fabricaciones Militares, con una primera incursión en la mina de hierro "Regimiento 17 en Catamarca. En el mismo año se cede a Fabricaciones Militares el yacimiento ferrífero de Zapla, en Jujuy, creándose Altos Hornos Zapla en 1943.

El ente estatal financia parcialmente el desarrollo minero en el país, facilitando capital y tratando de generar confianza en un proyecto minero nacional, a fin de atraer al sector privado. Cualquier semejanza con el mensaje de Sarmiento a la Legislatura en 1862, con la Compañía de Minas, ese motor económico por el que tanto bregó, no es pura casualidad.

La política nacional continúa, creándose la sociedad mixta Industrias Químicas Nacionales, para la explotación del azufre, en Salta, la sociedad Somicrom, para la explotación del cromo, en Córdoba, la Fábrica Militar, para la explotación de zinc electrolítico, en Río Tercero. En otras palabras, la participación del Estado dentro del esquema productivo minero, combinado con los esfuerzos privados en la conformación de sociedades mixtas, significa el lanzamiento de una industria minera y sus trabajos adicionales en Argentina, entre 1941-1950.

Pero Sarmiento ya dijo en la legislatura el día 22 de junio de 1862 que: "(se) requiere la inversión de fuertes capitales para la fundición y amalgamación, combinadas y separadas, y el minero en vano sacaría de las entrañas de la tierra minerales de reconocido valor, si no hay preparados establecimientos que los reduzcan a metales. El Gobierno se propone, por la publicidad de los datos, por sus relaciones con capitalistas de otros puntos y aún con hombres científicos, provocar una asociación para crear establecimientos con un fuerte capital, que hagan fácil y expedita la explotación de las minas". A los metales se han sumado, en esos 80 años, las ramas no metalíferas las rocas de aplicación, los minerales estratégicos, el petrolero, los yacimientos radiactivos, sin contar las industrias relacionadas.

La década del 60 encuentra a la minería argentina totalmente estatizada, dado que el Estado nacional y las provincias toman áreas a las que denominan de reserva, zonas destinadas a estudio de factibilidad. Las inversiones de este Estado empresario no son las más convenientes, y los planes de inversión cambian al ritmo de los gobiernos, sin lograr la continuidad y coherencia que les permita ser económicamente rentables en el tiempo. La política minera se basa en regímenes de subsidios, y la exportación es reducida. A pesar de ello, se desarrollan algunos proyectos mineros de magnitud, especialmente los que sustentan a la industria siderúrgica, minerales de hierro en Zapla y Sierra Grande, carbón en Río Turbio, oro-plata en Farallón Negro.

En cuanto a la exploración, los recursos aplicados permiten ubicar sólo zonas de posibles emprendimientos, a excepción del descubrimiento y desarrollo del proyecto cupro-aurifero Bajo La Alumbrera, en Catamarca, el yacimiento de Cerro Vanguardia, en Santa Cruz, el proyecto cuprífero de Pachón, en San Juan, el yacimiento de Agua Rica, en Catamarca.

Para tener una idea de la situación, en 1992, las 7 millones de hectáreas declaradas como áreas de reservas, habían tenido inversión anual promedio de 6 millones de dólares entre 1970-1990, con 27.600 metros de perforaciones exploratorias anuales, y una inversión en producción de sólo 1 0 millones de dólares.

La consigna lanzada por Sarmiento en 1842, referida a la obligación de gobernantes y legisladores de "elaborar leyes orgánicas que hagan fácil la producción", de eliminar obstáculos en la exploración y desarrollo de la industria, se hace realidad en 1993, con la sanción de la Ley de Inversiones Mineras, la cual asegura la estabilidad fiscal necesaria a la inversiones en exploración, que siempre superan los 5 años, y permite desgravar impuestos con el ingreso al país de material y maquinaria para la actividad, sin carga impositiva. Esto último nos retrotrae a 1869, a aquel informe que Rickard eleva al gobierno, donde expresa cómo el costo de traslado y flete de maquinarias desde San Juan a la mina Hilario excede el costo desde Londres a San Juan.

Lo importante, de cualquier manera, es que a partir de 1993 la exploración se intensifica, pasándose de 5 compañías mineras extranjeras radicadas en el país, a más de 90. Un buen número de estas compañías ubican proyecto factible a partir de estudios geológicos preliminares, y ofreciendo este anteproyecto en las bolsas de comercio de Vancouver, New York, Montreal, Toronto, toman capitales de riesgo de esas bolsas para sus inversiones. El resultado es la mayor cantidad de metros perforados en exploración, con el conocimiento de áreas que hasta ese momento se ignoraban, pues hablan sido declaradas áreas de reserva, y el estado no habla podido realizar las exploraciones pertinentes, por carecer del financiamiento necesario.

Las inversiones anuales, que en 1992 eran de 10 millones de dólares, se incrementan a partir de 1995, y alcanzan en 1999 la suma de 2.130 millones de dólares.

Decía Sarmiento en 1869. comentando el informe de Rickard: "( ... ) Un millón de pesos ingleses está ya comprometido en las minas de San Juan y, (...) conocida la extensión del país metalífero, otros millones lo seguirán, y tras ellos ingenieros, máquinas y las industrias auxiliares y accesorias." Y agrega más adelante: "Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan a la par que pueblan, como pide máquinas y dan productos pesados y valiosos, señalan la dirección de los ferrocarriles y del comercio".

La sintética reseña de la evolución de la minería argentina en estos 130 años pretende mostrar, cómo las tres ideas claves que sustentan el pensamiento minero sarmientino: el capital, la legislación, la ciencia y tecnología, instrumentadas de manera complementaria, son reeditadas a partir de 1993, y, con la continuidad en el tiempo que la actividad requiere, la industria olvidada, que el pionero trató de impulsar, logrará su realización como polo de desarrollo y riqueza para el país. El día 7 de mayo ha sido instituido como Día de la Minería en nuestro país. Ese día, la Asamblea General Constituyente de 1813 sancionó la primera ley de fomento minero, propuesta por la Junta de Gobierno. Decía la Junta, para fundamentar su propuesta, que el ramo de minas, después del crédito público, formaba la base más sólido del sistema de hacienda. "Mas para realizar esto agregaba el documento son necesarios grandes capitales, en primer lugar y, en segundo, una población activa e ilustrada que proporcione a los emprendedores ganancias capaces de estimularlos a correr los riesgos que consigo tienen los trabajos." Esperemos que las futuras celebraciones del 7 de mayo, sean la celebración de una industria recuperada, en la que el sanjuanino merecerá un brindis especial por el cumplimiento de su sueño de pionero.

* Carlos Gómez Centurión
 

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